lunes, 26 de enero de 2015

Tarea 6.1 Actividades Telemedievo

Esta es la séptima tarea del Telemedievo, en la que he redactado una crónica de la Batalla de Las Navas de Tolosa:



CRÓNICA:
BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

En 1211 fue cuando Muhammand Al-Nasir, más conocido como "El Miramamolin” por los cristianos, preparó un ejército de unos 125.000 soldados. Motivados por el propósito de ocupar todo el territorio de la península. Por ello amenazó a todos los reinos cristianos que ocupaban dicho terreno.
Esta amenaza, hizo que los 5 reinos en los que se dividía la península: Corona de Aragón, Reino de Castilla, Reino de Navarra, Reino de León y Reino de Portugal, nos replantearamos el hecho de luchar juntos. Ya que hasta no hace mucho, estabamos más concentrados en guerras civiles, por problemas con las fronteras.
En el 1212, tiempo antes de la batalla, Alfonso VIII convenció al Papa Inocencio III para que proclamara una Santa Cruzada. Con la finalidad de parar el avance de aquellos infieles.
El arzobispo de Toledo don Rodrigo Jimenez de Rada, predicó la cruzada por iglesias de toda Europa. Esto animó a muchos creyentes a alistarse, de hecho llegaron a España cruzados de Italia, Francia, Alemania...
El 20 de julio de 1212, nuestras tropas parten desde Toledo hacia el frente de batalla. El ejército estaba compuesto por unos 85.000 soldados.
A los pocos días llegaron a la fortaleza de Malagón. Los musulmanes de aquel lugar ofrecieron su rendición, pero los cruzados extranjeros degollaron a todos sus habitantes. El rey Alfonso VIII y yo, llegamos varios días más tarde, y contemplamos horrorizados el resultado de los cruzados extranjeros. Por lo que vimos, comprendimos que su único propósito era derramar sangre en cualquier pueblo musulmán.
Días más tarde llegaron a la fortaleza de Calatrava, pero esta vez Alfonso VIII llegó a tiempo de negociar con los musulmanes de allí. Esta vez no pude acompañarle. Esto causó problemas con los soldados extranjeros y estos decidieron desertar.
Esta deserción fue muy importante para la moral de los cristianos que aún seguían. Se marcharon aproximadamente, un 27% del total (quedaron unos 60.000 soldados). Afortunadamente, se incorporaron 5.000 soldados por parte de Pedro II de Aragón, el gran amigo de Alfonso VIII. Decidimos seguir y combatir.
Cuando conseguimos aproximarnos a Sierra Morena, un humilde pastor se nos apareció, y nos condujo hacia un camino secreto. Ya que era muy difícil organizar el paso de un ejército por aquellas montañas. Para entonces, se incorporó junto a nosotros Sancho VII el rey de Navarra, con 2.200 hombres más.
El 15 de julio de 1212, los dos ejércitos nos encontrábamos frente a frente. A la madrugada del día siguiente, nuestras tropas estaban listas para el combate.
Al amanecer nos dieron la comunión a los comandantes y a nuestras tropas. Estábamos más que preparados para aquella batalla.
Éramos aproximadamente, 70.000 hombres, liderados por: don Diego López II de Haro, don Álvaro Núñez de Lara, Alfonso VIII y Rodrigo Jimenez de Rada.
Nuestra estrategia consistía en ocupar el flanco derecho, el izquierdo y la retaguardia, que auxiliaba a los dos flancos, en caso de que tuvieramos que defender por la pérdida de muchos soldados. Nos extendíamos a lo largo de tres líneas de profundidad, con grupos de tres también en cada línea.
El ejército almohade lo componían 120.000 hombres. En primera línea estaban las tropas más ligeras. Poco fuertes en cuerpo a cuerpo. En la segunda línea había tropas con ligera armadura, pero no dejaban de ser medianamente fuertes. En tercera línea, estaban las tropas pesadas. El cuerpo de élite almohade. Que cubrían la fortificación donde estaba Al-Nasir. Allí estaba la Guardia Negra. Hombres totalmente formados para el combate, dispuestos a morir por su religión. 
Comienza la Batalla de Las Navas de Tolosa, una vez que Alfonso VIII da la primera orden de atacar.
Minutos después de una larga lluvia de flechas comenzada por los almohades, comienza a atacar la caballería pesada castellana. Diego López II de Haro atacó el frente con miles de jinetes. Esto causó un choque brutal, debilitando la vanguardia almohade. Esto obligó el movimiento de retirada de la vanguardia musulmana. Más tarde, los infantes musulmanes descabalgan la caballería castellana, de esta manera los alfanjes degollaban a nuestros hombres. Al-Nasir ordenó un ataque con el grueso del ejército musulmán, lo que hizo retroceder nuestras tropas. La caballería ligera de la segunda línea almohade atacó de una manera eficiente, produciendo un gran desgaste en las tropas de López de Haro. Pero la segunda línea cristiana entró en combate para suplir las abundantes bajas. En esta situación tan crítica para nosotros, muchos se retiraron, lo que hizo que los almohades rompieran su formación cerrada para perseguirlos. Lo que no sabían era que, tácticamente, cometieron un grave error.
Alfonso tomó la última decisión. Decidió ir a la desesperada. Pedro II, Alfonso VIII y Sancho VII se pusieron al frente de las órdenes militares y se lanzaron con todo lo que tenían.
Sorprendentemente, logramos atravesar la segunda y la tercera línea almohade. Las tropas navarras se presentaron delante del edificio en el que estaba Al-Nasir, para aplastar su guardia personal. El califa huyó junto a un grupo de leales, mientras que la guardia negra estaba defendiendo las fortificaciones en vano. Los soldados cristianos mataron uno a uno a todos los miembros de aquella guardia. Después rompieron las cadenas que circundaban la tienda. Estas cadenas forman parte nuestro escudo de Navarra.
Miles de los nuestros cayeron, pero conseguimos alzar la victoria. Minutos después, rezamos junto a Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo. 
Alfonso mandó una carta al Papa Incencio III, comunicándole el éxito de la cruzada. Los navarros y aragoneses persiguieron a los almohades en su huida. Estos perdieron sus tesoros, y finalmente conseguimos un colosal botín de guerra.

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