domingo, 14 de junio de 2015

Un cancionero petrarquista: Los poemas (III)


Esta ya es la última tarea del trimestre, así como del curso. Trata de transformar 5 poemas de Petrarca de su conjunto de obras "Il canzoniere" mediante los rasgos físicos del canon de belleza femenino actual que realizamos hace unos días. Está dividido en dos apartados, ya que 3 poemas transformados se escribieron cuando la amada de Petrarca estaba viva, y 2 cuando ya falleció.

Rimas en vida de Madonna Laura

Poema LV (55): El fuego que pensé estar apagado

El fuego que pensé estar apagado
del frío y de la edad ya menos nueva,
llama y martirio al alma le renueva.

Nunca apagado fue del todo, veo,
sino cubierto su rescoldo un tanto;
y este segundo error peor lo creo.

Por lágrimas que a miles vierto tanto
conviene que el dolor destile en llanto
del pecho que rescoldo y yesca lleva;
no sólo como fue, pues aún se ceba.

¿Qué fuego ya no hubieran apagado
las lágrimas que vierto siempre firme?
Amor, si bien ya tarde lo he notado,
quiere entre dos contrarios confundirme

y tantos lazos tiende en constreñirme
que cuanto es más mi fe en que se subleva,
más a su rostro el alma me ata y lleva.



Poema LV (55): Transformado

Mis sentimientos por ti pensé que
desaparecieron por este largo tiempo,
pero todo cambió al pensar en tu
moreno pelo, largo como un riachuelo.

Cuenta me doy de que nunca quise
que acabase, aunque este dolor
en tantas lágrimas se tradujese,
porque a valorar mi amor no llegaste.

Sabiendo que una difícil relación es,
no me importaría arriesgarme,
con tal de admirar tu bella tez.


Poema LXXXII (82): Jamás de amar a vos me vi cansado

Jamás de amar a vos me vi cansado,
ni me veré, señora, mientras sea;
mas no hay día que odio en mí por mí no vea,
y estoy de verme en llanto fatigado;

y quiero tumba al fin sin más grabado
que el nombre vuestro que mi daño crea
en piedra en que no esté ya el alma rea
del cuerpo, aunque aún pudiera haberlo estado.

Si lleno un corazón de fe amorosa
os puede regalar, sin atropello,
os ruego que os mostréis con él piadosa.

Yerra el desdén aquel en que me estrello,
si intenta hallar regalo en otra cosa.
Y doy gracias a Amor y a mí por ello.



Poema LXXXII (82): Transformado

Mi amor por vos perdurará al igual
que mi existencia, aunque casi tanto tiempo
me vea entre interminables llantos.

Y por mucho dolor que esté soportando,
quiero morir solo pensando en ti,
porque de lo contrario,
no tendría para mí sentido poder vivir













Poema LXXXV (85): Yo siempre amé y aún amo más ahora

Yo siempre amé y aún amo más ahora
y sigo día tras día más amando
aquel dulce lugar en que llorando
vuelvo a menudo, cuando Amor me azora;

y estoy resuelto a amar el tiempo y hora
que me aleje cualquier cuidado infando,
y a ella amarla, cuyo gesto blando
me guía al recto obrar y me enamora.

Mas ¿quién pensó jamás se concertase
para asaltar mi corazón sufrido
tanto enemigo, en cuyo amor me empleo?

¡Amor, con qué violencia me has vencido!
Que si al deseo mi fe no sustentase
muerto caería, donde vivir deseo.



Poema LXXXV (85): Transformado

Caí plenamente enamorado
al admirar tu bello rostro,
y desde entonces tiempo me falta
para seguir contemplándolo.

Destinado a amaros estoy
pues se que cambio a bien al veros,
mi alma goza, aunque a mi corazón le duele.

Enamorado estoy y no lo puedo evitar,
estando muerto mejor viviría,
pues este dolor no lo puedo soportar.








Rimas tras la muerte de Madonna Laura

Poema CCLXXXII (282): Alma bendita, que en las noches frías

Alma bendita, que en las noches frías
vuélvesme a consolar frecuentemente
con luz, que ni aun la muerte ha hecho ausente,
pues más que humanas son sus luces pías.

¡cuánto agradezco que mis tristes días
tu dulce vista contentar intente!
Así comienzas a mostrar presente
tal tu belleza como ayer solías.

Allá, donde canté de ti por años,
hoy, como ves de ti lloro y suspiro;
mas, ay!, que no de ti, mas de mis daños.

Sólo tengo esta paz (¡dulces engaños!),
pues, cuando vuelves, reconozco y miro
tu andar, tu acento y voz, tu rostro y paños.



Poema CCLXXXII (282): Transformado

Creer no puedo que ya no estés,
pues tu espíritu aún lo siento presente
cada minuto que en ti pienso.

Tanto tiempo dediqué a enamorarte,
mas ahora que no estás,
entre más llantos me veo envuelto.

Parecíame que mostrar tu belleza intentabas,
mas nunca pude ni podré disfrutarla
ya que imposible es estando en vida








Poema CCCXIII (313): Pasado el tiempo, ¡ay triste!, es ya que tanto

Pasado el tiempo, ¡ay triste!, es ya que tanto
fresco en mitad del fuego yo vivía;
pasada aquella a quien lloré y servía,
y me ha dejado sólo pluma y llanto;

pasado el gesto aquel hermoso y santo,
que, pasando, sus ojos en mí hundía
y en este corazón que la seguía,
envuelto entonces por su bello manto.

Ella se lo ha llevado a tumba y cielo,
donde hoy triunfa del lauro coronada
que mereció su castidad honesta.

¡Así, ay, yo fuese libre ya del velo
mortal que el alma tiene aquí encerrada,
sin suspiro ni lágrima molesta!



Poema CCCXIII (313): Transformado

Tantos días pasaron, después de dejar
de verla, y aún no me acostumbro a
no poder comtemplar aquel rostro moreno
que me cautivaba de tal forma

Su mirada influía tanto en mí,
que mi alma la acompañaba
y mi corazón la admiraba

Mas ahora que en el cielo disfruta de
todo lo que ganó en su vida terrenal,
ojalá la muerte se apiade de mí
y me lleve con vos, donde mejor estaré

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